Consecuencias del Tabaco para la Salud Oral

Consecuencias del Tabaco para la Salud Oral

El tabaco es un problema de salud pública en toda Europa. Estamos hablando de la primera causa prevenible de muerte. En España el 29% de los adultos mayores de 14 años fuman, siendo mayor el consumo en los hombres con respecto a las mujeres, aunque cada año se van igualando más estos datos. El porcentaje de fumadores varía según la edad, observándose que la menor proporción se encuentra en los mayores de 65 años, mientras que los jóvenes de 25-34 años son los que más fuman. El número de muertes anuales atribuibles al consumo de tabaco se sitúa en 50.000. Aunque la mayoría de ellas se produce en hombres, en las mujeres está causando un incremento anual del 7%. Aparte de su efecto en la salud general, el hábito tabáquico es la causa principal de muchas patologías orales y de efectos adversos en la cavidad bucal.

Es oportuno escuchar y procurar seguir las recomendaciones del dentista acerca del tabaco, puesto que la investigación ha demostrado que aproximadamente el 40% de los pacientes que dejan de fumar con la ayuda de su odontólogo consiguen dejarlo, mientras que solo un 5% lo consiguen basándose únicamente en su fuerza de voluntad y sin ayuda externa.

 

Efectos de Fumar

    
El tabaco es responsable de muchos problemas orales que se pueden clasificar según si aparecen tempranamente o de forma tardía.

Los efectos a corto plazo son los que se experimentan con la exposición inicial al humo del tabaco inhalado y son la tos y dolor de garganta, náuseas y mareos debido a la acción de la nicotina en el sistema nervioso central –el cerebro-, sensación de manos y pies frios, palpitaciones, sudoración, temblor, etc.

Fumar durante muchos años tiene desastrosos efectos en la mayoría de las partes del cuerpo, resultando con la muerte de la mitad de los fumadores que no han conseguido o querido dejarlo. Los efectos a largo plazo en el organismo incluyen el cáncer oral, enfermedades cardiovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), y otras enfermedades no mortales como cataratas, osteoartritis, osteoporosis, artritis reumatoide, demencia, piel arrugada…

El tabaco se extiende por todo el cuerpo a través de la boca, y eso conlleva indudablemente a alteraciones en la salud oral. Los efectos a largo plazo en ésta parte del cuerpo son múltiples: la periodontitis, la gingivitis, patologías en la mucosa oral (cáncer oral, lesiones precancerosas, estomatitis nicotínica, melanosis del fumador), el fracaso del tratamiento con implantes dentales y otros problemas que especificaremos más adelante.

En cuanto a la periodontitis, los estudios longitudinales demuestran que la incidencia y gravedad de ésta patología son mayores en aquellos que fuman. La respuesta que tiene un fumador ante el tratamiento periodontal (raspado o raspaje) se ve notablemente afectada por una serie de condiciones provocadas por el tabaco. Éstas son: el retraso de la cicatrización, el aumento de las complicaciones postoperatorias, los resultados insatisfactorios y el aumento del número de periodontitis recidivantes; más del 90% de las periodontitis que reaparecen se asocian a fumadores y solo un 25% se asocia a los no fumadores. En contraposición, dejar de fumar puede disminuir o detener la progresión de la enfermedad periodontal e incrementar la eficacia de los resultados del tratamiento periodontal. El cese del hábito tabáquico puede formar parte del tratamiento periodontal desde su inicio, con tal de asegurar unos resultados aceptables.

Por otro lado, se puede afirmar que el consumo de tabaco crea gingivitis, que es la inflamación e irritación de la encía que rodea los dientes. Sin embargo, es más difícil de diagnosticar en fumadores que en no fumadores debido a que la nicotina tiene tal efecto en las células sanguíneas que “esconde” los síntomas como son la inflamación y el sangrado, esto es porque la nicotina induce la vasoconstricción, evitando la correcta circulación de la sangre.

periodontitis a causa del tabaco

 

El consumo de tabaco durante y después del tratamiento con implantes dentales puede conllevar la pérdida de dicho implante. Los datos disponibles actualmente afirman que el tabaco fumado aumenta de 3 a 4 veces el riesgo de fracaso del implante. Además, también aumenta el riesgo de periimplantitis, que se trata de la infección e inflamación de la encía que rodea el implante. Es por ello que dejar de fumar está relacionado con un mejor pronóstico del implante, incluso cuando es limitado a una semana anterior a la cirugía y a 8 semanas después de ella, no obstante es preferible abandonar el hábito permanentemente para asegurar una mayor durabilidad del implante.

Las alteraciones que observamos en la mucosa oral de un fumador son variadas y pueden no aparecer o aparecer simultáneamente. La más importante es el cáncer oral, el cual es 4 veces más probable en personas fumadoras. Las células epiteliales sufren efectos cancerígenos directos del humo. Sin embargo, después de 5 a 10 años del abandono del hábito, el aumento del riesgo de desarrollar cáncer desaparece. Las lesiones precancerosas son frecuentes y el 20% tienen malignidad (capacidad de desencadenar cáncer oral). Se ha visto que los fumadores presentan estas lesiones 6 veces más que los no fumadores. Dejar de fumar conduce a una regresión o la extinción de la lesión precancerosa, asimismo, la no cesación del hábito tabáquico empeora las lesiones, pudiendo llevar a la aparición de cáncer oral.

No es raro que el fumador presente estomatitis nicotínica o “paladar del fumador”. Se trata de lesiones blancas combinadas con lesiones rojas en la zona central del paladar. Son asintomáticas, es decir, no dan dolor, y no malignizan (no desencadenan cáncer oral). La estomatitis nicotínica desaparece tras dejar de fumar.

Otra alteración es la melanosis del fumador, que aparece en el 30% de los fumadores, especialmente en los que consumen más de 10 cigarrillos diarios. Se trata de una irritación por el humo del tabaco caliente que entra en contacto con la superficie del paladar. No da síntomas, no es precancerosa y es reversible aunque tarda bastante en regenerar (desaparece aproximadamente un año después de dejar de fumar).

Además de estas patologías orales, no debe dejarse de lado el deterioro de la estética de los dientes y encías del fumador. A esto se le suma la halitosis (mal aliento) y la disminución del sentido del gusto.

 

Ex Fumadores y Fumadores Pasivos

Los pacientes que dejan de fumar se sitúan en una fase intermedia entre los no fumadores y los fumadores y se benefician de mejoras en la respuesta a tratamientos dentales, aunque de manera un poco inferior a los que nunca han fumado. Por esta razón, siempre recomendamos no comenzar a fumar, y si ya se ha iniciado el hábito tabáquico, abandonarlo lo antes posible.

Los exfumadores tendrán efectos irreversibles que ya no pueden ser recuperados como la pérdida de hueso. No obstante existen muchas técnicas de regeneración ósea que pueden contribuir en cierta medida a aumentar el nivel óseo del maxilar y la mandíbula. Es a partir de los 10 años tras dejar de fumar cuando se puede prácticamente equiparar a los no fumadores en la respuesta al tratamiento, aunque el estado periodontal nunca volverá al estado previo al tabaquismo. No obstante, el riesgo de perder dientes en exfumadores se mantiene igual hasta los 9 años de dejar el hábito, no disminuye totalmente hasta pasados 13 años.

En lo que concierne a los fumadores pasivos, tienen casi 2 veces más riesgo de padecer periodontitis que los no fumadores. Los fumadores pasivos o los expuestos a un ambiente tabáquico en casa o en el sitio de trabajo se han visto implicados en el desarrollo de graves enfermedades sistémicas y leves enfermedades orales. Esta es una razón por la que el fumador puede tomar la iniciativa de abandonar el tabaquismo.

Los profesionales de la salud oral ayudan a comprender los riesgos del tabaquismo y pueden participan activamente en el proceso de cesar de fumar e incitar a la renuncia del hábito.

 

Efectos del Cese del Hábito Tabáquico

Los pacientes fumadores sufren algunos efectos secundarios al tabaco, asimismo también tienen unos beneficios sustanciales a cualquier edad al dejar de fumar.

El mayor beneficio es considerablemente más notable mientras más joven se abandone el tabaco, y sobretodo, antes de desarrollar cualquier enfermedad sistémica u oral relacionada con el tabaco. Pero para dejar el tabaco nunca es tarde y siempre se obtienen ganancias positivas en la salud. Un adulto sano que deja de fumar antes de los 35 años de edad puede tener una esperanza de vida igual que la de alguien que no ha fumado nunca. Cada año después de la edad de unos 35 años que un fumador retrasa el dejar de fumar cuesta un promedio de 3 meses de vida.

Dejar de fumar solo puede conllevar mejoras en la salud oral. Aunque en los primeros días de abandonar el hábito se tengan efectos agudos (irritabilidad y agresividad, aumento del apetito, dificultad de concentración, sensación de urgencia de fumar y en ocasiones, disturbios en el sueño), los beneficios que se obtendrán tiene un peso infinitamente mayor.

Para empezar, se reduce el riesgo de padecer cáncer oral y el riesgo de complicaciones postoperatorias. En cuanto a las encías y mucosa, el estado de los tejidos es cada vez más similares a los de un no fumador, se consiguen unos mejores resultados de tratamientos periodontales, además de que se reduce exponencialmente la pérdida de dientes. La mayoría de las lesiones precancerosas desaparecen, al igual que la melanosis del fumador y la estomatitis nicotínica. Las manchas en los dientes pueden ir disminuyendo su intensidad con una correcta higiene y con el tratamiento de blanqueamiento dental oportuno.

 

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Dra. Edna Evelyn Diaz Oropeza

La Dra. Edna Evelyn Diaz Oropeza es graduada de la Escuela Militar de Odontología y Especialista en Prótesis Bucal graduada por la Escuela Militar de Graduados de Sanidad y con 23 años de experiencia en el área de la odontología le garantiza un resultado de acuerdo a sus expectativas para devolverle o mejorar su salud bucal.

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